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OPINIÓN

Habilidades blandas en la etapa precontractual

31 de enero de 2025

Canal de noticias de Asuntos Legales

Durante la fase previa a la celebración de acuerdos, tanto los asesores legales como los futuros contratantes juegan roles determinantes que inciden en la forma en la que se conducen las negociaciones y, por supuesto, en la eventual contratación. La etapa precontractual requiere el entendimiento de las necesidades de las partes, la verificación del régimen legal aplicable a los tipos contractuales en cuestión, la revisión y cuidado de las formalidades exigidas en la ley para la celebración de cada negocio jurídico, la redacción de las disposiciones contractuales, el análisis de la capacidad legal de las partes, la construcción y solicitud de anexos, el estudio de requisitos para la radicación de documentos ante las autoridades, de ser el caso, entre otros. En ese ámbito, es una responsabilidad de los asesores legales el cumplimiento de la ley para que, de ser celebrados los acuerdos por los contrayentes, - desde su nacimiento – éstos sean válidos y libres de vicios.

De manera trasversal, la etapa precontractual clama por la construcción de confianza. Finalmente, es un proceso en el que se espera terminar en la celebración de un contrato. Con todo y ello, las negociaciones soportan en ocasiones momentos difíciles derivados no necesariamente del contexto propio de los negocios que se esperan formalizar, sino de la personalidad y actuaciones de los intervinientes. Lejos de pretender satanizar las posiciones fuertes que en ciertos momentos se requieren, sí es reflexivo resaltar que pueden darse procesos que no terminen en acuerdos por falta de habilidades blandas.

Así, con el foco exclusivamente en las destrezas personales de quienes participan en la construcción de acuerdos, las que mayoritariamente se deberían emplear en la etapa precontractual son aquellas que propenden por la creación de vínculos. Respeto por los colegas y sus representados, responsabilidad, honestidad, creatividad, liderazgo, practicidad, inteligencia emocional y seguridad son algunas de las habilidades que pueden generar un ambiente propicio para que el contrato pueda acordarse no solo en los términos de ley, sino también dentro del canal de confianza que debería cobijar su nacimiento.

No se puede dejar pasar por alto la destreza de entender los antecedentes que llevaron a las partes a la fase previa del contrato y, a partir de ésta, trazar el camino de la negociación. No es igual asesorar a inversionistas de proyectos, a emprendedores, a miembros de una misma familia o a empresas con el interés de llegar a acuerdos con sus contrapartes. En muchas ocasiones, dadas las circunstancias de tiempo, modo y lugar, pareciera una responsabilidad tácita de los profesionales involucrados realizar su trabajo con la delicadeza necesaria para evitar situaciones destructivas a nivel de las relaciones de los contrayentes.

Lo cierto es que detrás de un contrato existen seres con distintos roles e intereses. Lo que resulta constructivo es que independientemente de que las situaciones que anteceden la firma de un negocio jurídico impliquen la cesación de actividades conjuntas, la resolución de un conflicto, o separaciones corporativas o de índole familiar, las partes tengan la tranquilidad de haber dado pasos positivos y de buena fe. Incluso en esos espacios se puede terminar satisfactoriamente la etapa precontractual con la dosis de confianza que se pueda, con respeto por el otro y entereza. Desde la perspectiva exclusivamente de los efectos que puede tener la personalidad de los involucrados, en los hombros de los asesores también está llegar a un acuerdo favorable y ecuánime.

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