A propósito de la reciente celebración del mes de la mujer, quisiera compartir algunas reflexiones como abogada experta en asuntos migratorios corporativos. A lo largo de mi carrera, he podido comprobar que la brecha de género también impacta la movilidad de talento cuando se trata de mujeres. Y es que, a pesar del avance en igualdad de género en el ámbito corporativo a nivel global, el entorno laboral sigue siendo un terreno desigual para las mujeres.
A pesar de los avances, todavía existe una diferencia sustancial en las oportunidades ofrecidas a hombres y mujeres. Entre 2012 y 2022, la representación femenina en la alta dirección aumentó 10 puntos porcentuales, lo que equivale aproximadamente a una mujer más reportando directamente al CEO en un equipo de diez personas. Sin embargo, la cima sigue siendo resistente: en 2023, las mujeres constituían poco más del 10% de los CEOs de Fortune 500.
En un mundo cada vez más globalizado, las carreras profesionales trascienden fronteras. Sin embargo, el conocido fenómeno del "glass ceiling" o techo de cristal se convierte en una doble barrera al impedir que las mujeres accedan a cargos directivos clave en sus países de origen, limita también sus oportunidades para asumir posiciones globales o regionales. Esto genera un ciclo repetitivo, donde la falta de experiencia internacional vista a menudo como requisito clave para acceder a cargos ejecutivos, contribuye a mantener y profundizar una menor representación de mujeres en posiciones de liderazgo.
Según el Foro Económico Internacional, en 2016 se detectó una “desconexión preocupante” entre las aspiraciones de las empresas de contar con más líderes diversos y sus prácticas de movilidad. Aunque el 71% de las mujeres jóvenes expresaban querer trabajar fuera de su país en algún momento, solo 22% de las empresas alineaban sus programas de movilidad con sus estrategias de diversidad.
De igual manera, además de sesgos de género que han arrastrado a las mujeres durante años, existen otras limitantes, como las sociales y personales, que pueden llegar a disuadirlas de aceptar asignaciones en otros países, por ejemplo, responsabilidades familiares o diferencias culturales e incluso falta de red de apoyo en el país de destino pueden llegar a ser un factor determinante al momento de tomar una decisión.
Por su parte en Colombia, las cifras de Migración Colombia nos permiten analizar la movilidad internacional del talento. Durante el año 2024, solo el 24.14% del total de visas de trabajo otorgadas correspondieron a mujeres, mientras que el 75.86% fueron para hombres. Esta notable disparidad demuestra que hay menos mujeres en asignaciones internacionales, lo que efectivamente significa menos exposición a entornos corporativos multiculturales que, en consecuencia, reafirma el techo de cristal.
En este contexto, romper el techo de cristal requiere no solo esfuerzos corporativos y cambios estructurales, sino también que, como mujeres, nos atrevamos a soñar en grande, más allá de las fronteras y los obstáculos visibles e invisibles. Nuestra presencia en entornos multiculturales y posiciones de liderazgo global no solo transforma nuestras propias carreras, sino que también impulsa un cambio real y significativo hacia la igualdad.
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