La semana pasada tuvimos el privilegio de vivir una novela que se desarrolló entre, Neyser Villarreal y Millonarios. Al momento de escribir esta columna todos son rumores, algunos de periodistas que intentan amedrentar al jugador en favor del club, otros desde la más profunda ignorancia y unos pocos que miran los hechos tal cual como parece que son.
Hay que empezar diciendo que todos son rumores y juicios desde el desconocimiento, parece que nadie sabe donde está el jugador ni conoce bien la posición del club, por lo que trataré de analizarlo desde el punto de vista jurídico y con conocimiento desde la experiencia de mas de 20 años con asuntos similares.
Los jugadores de fútbol no son diferentes a otros trabajadores, si no quieren trabajar en determinado equipo pueden buscarse la vida en otro; habrá algunas consecuencias propias del fútbol, pero en general si se quiere cambiar de club, es muy difícil que no lo haga. Igualmente, el jugador puede acudir a la justicia ordinaria, en este caso, en Colombia a los juzgados laborales si desea solucionar algún aspecto relacionado con su relación de trabajo o a la tutela si considera que alguno de sus derechos fundamentales se encuentra vulnerado. Lejos están los tiempos en que esto no se podía hacer, el jugador está en su derecho y nada se le puede decir al respecto.
Otro rumor es que Millonarios, puede “parar” al deportista e impedir que juegue en otro equipo, esto también hace parte de un imaginario colectivo. No conozco ningún jugador que no pueda desarrollar su trabajo como lo pretende hacer Villarreal; hace ya algún tiempo ocurrió lo mismo con Santiago Arias y a pesar de las pataletas y los gritos de los periodistas el jugador acabó en Sporting de Lisboa y jugó, bastante bien, en Portugal y en la selección Colombia. Arias tuvo un conflicto con su antiguo equipo, Equidad, que se resolvió en FIFA y el Tribunal Arbitral del Deporte, pero el jugador, jugó.
Que Villarreal debe pagar sumas importantes de dinero, dicen por ahí. Más de tres millones de dólares que los pagará o el jugador o el nuevo club. Tampoco están en lo cierto quienes dicen esto. Después de la sentencia Diarrá, la solidaridad se acabó respecto de los nuevos clubes en el pago de alguna indemnización que le deba un jugador a su antiguo club. Por otra parte, resulta por lo menos extraño que Millonarios pretenda recibir semejante suma de dinero por un jugador que durante 2024 jugó menos de 150 minutos. Un juez laboral podría calcular la indemnización por terminación del contrato de trabajo en favor del club que nunca se acercaría ni siquiera remotamente a esos números. Además, con los pocos minutos jugados, es posible esgrimir una justa causa deportiva para salir del club.
¿Qué hacer?
Es difícil; sancionar, amenazar, pretender amedrentar al jugador no tiene ningún sentido, lo dice el sentido común y cualquier manual de negociación. Lo mejor es acercarse al jugador o a su agente y buscar alternativas creativas que resulten en un acuerdo beneficioso para ambas partes; como están las cosas esto parece difícil, el jugador no aparece, parece que quien obra como agente tampoco y Millonarios se manifiesta a través de periodistas amigos.
Los jugadores tienen mucho poder en esta relación contractual con su club, lo ejercen poco y mal; desde Bosman en Europa, la sentencia C 320 de 1997 en Colombia y con fallos nuevos como Diarrá o Superliga, cada vez es más evidente que quien manda en esta curiosa relación de trabajo es el trabajador futbolista.
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